“Ciencia sin conocimiento es solo ruina del Alma”

8 09 2007

Vaya, vaya, parece que no voy a lograr sustraerme del ritmo que mi otro blog impone, parezco castigado a dedicar tiempo a éste segundo frente apenas una vez a la semana… como sea, me imagino que en cuanto termine la “dictadura” auto impuesta de revisar todo el proyecto de reforma constitucional, (a fin de cuentas, aberrada y todo, es lectura) podré repartir mejor el tiempo.

El título de este post es una cita de Rabelais y viene muy a propósito de otro libro que leí, (no hace mucho), y cuyo contenido me movió a reflexión, el título del libro puede ser engañoso pues su traducción al castellano lo iguala a la traducción de otro libro de temática muy similar escrito ya hace un montón de años por otro autor. El libro es “El Misterio de las Catedrales”.

El libro anterior, (llamémosle original), fue escrito por Fulcanelli y es un libro denso que requiere algo más que una mínima noción de cuestiones esotéricas para poder comprenderlo a cabalidad y para poder apreciar su contenido; este lo lei hace “una tira” de años, (más de 20), y en aquel momento no logré traspasar el duro caparazón de mi ignorancia en la materia.

Es un libro donde el autor de “Las Moradas Filosofales”, (trabajo más conocido quizas), desgrana en 5 etapas un compendio de las materias y operaciones de la “gran obra” alquímica a través de la interpretación de las representaciones simbólicas de dicho conocimiento en la arquitectura y ornato de las catedrales. Pero no este el libro del que les quiero hablar.

El libro del que les quiero hablar, sin embargo, aún cuando comparte el mismo título y expone su contenido partiendo de la misma base “fisica”: las catedrales, nos muestra otro aspecto, a mi gusto, mucho más interesante; no sólo desde el punto de vista filosófico sino también desde el punto de vista desde el que se realiza la interpretación de los simbolos.

Este libro fue escrito por Christian Jacq, Doctor en Egiptología y conocido autor de numerosos libros, desde académicos y filosóficos hasta novelas, donde el tema central siempre o casi siempre ronda el conocimiento y la influencia de la civilización egipcia, su cultura y su religión.

En “El Misterio de las Catedrales”, Jacq nos propone una manera diferente de ver y entender los símbolos que pueblan la arquitectura catedralicia medieval y sus ornamentos; nos propone unas líneas que podemos seguir hasta el origen antiguo de esos símbolos y nos acompaña mientras desentrañamos de qué manera los arquitectos, talladores y artesanos medievales los asumieron y los usaron para dejar en piedra una enseñanza que, aun cuando es originaria de la civilización egipcia poco o nada tiene que ver con las enseñanzas hermeticas del “trimegisto”, poco o nada tienen que ver con la esotérica interpretación de Fulcanelli y poco o nada tienen que ver con la realización de la “Opus Magna” alquímica.

Y es difícil hacer esa distinción pues la visión esotérica de la Catedral medieval está íntimamente vinculada a los Masones, originalmente cofradíasde constructores y albañiles, y posteriormente al legado de los Rosacruces, “co-herederos” de la tradición Hermética.

El libro de Jacq parece lograr su propósito de señalar esas diferencias y distinciones, en su “versión” los arquitectos y artesanos que levantaron y adornaron las catedrales medievales en efecto realizaron su “gran obra” pero no la alquímica sino la puramente espiritual.

De acuerdo con lo expuesto en este libro estos “creadores” compendiaron una sabiduria ancestral y la reunieron y la plasmaron en la intrincada simbología de las Catedrales para que en cada rincón en el que un fiel posara su vista recibiera un mensaje espiritual, moral e incluso divino; de forma tal que la misma visita al templo fuese una experiencia espiritual más amplia incluso que el puro ritual y es que, precisamente, en esta temprana época no existía la casi absoluta uniformidad ritual del culto cristiano que hay hoy en día, el mensaje del rito debía ser reforzado e ilustrado por medio de estos simbolos.

Así, el trabajo creador de estos artesanos, arquitectos y constructores es la ciencia aplicada a la expresión de la fe; o si lo prefieren la fe sustentada en la base de una sabiduría ancestral y expresada a través de una simbología antigua que mantenía fuertes ecos en los corazones y mentes de los hombres y mujeres de la época.

En palabras de Jacq: “La eterna sabiduría de los constructores no se opone a la fe particular de los hombres de la edad media sino que es su broche final, su culminación.” y desde este punto de vista en el que se admite el inmenso valor de esa sabiduria, de esa ciencia de los constructores y artesanos es que tienen sentido las palabras del Abad de Saint-Denis citadas en el libro y que deberían servir para que en nuestros días recuperemos la noción del verdadero valor de las cosas: “Quienquiera que seas, si quieres rendir honor a estas puertas no admires el oro ni lo que costaron sino el trabajo y el arte“.

En la lectura de este libro, al aceptar lo propuesto como más plausible que lo expuesto en el de Fulcanelli, queda ratificada mi personal percepción en cuanto a que puestos a escoger, (y lamentablemente creo que así debe ser, escoger), siento más cercano y real el Cristo Reinante, Triunfante de Bizancio, la mas cercana de las “Cristiandades” a la fuente simbólica del antiguo Egipto, que el Cristo derrotado y miserable de la Cruz Romana; es el Cristo de Bizancio el que se asoma en el arte medieval, sus enseñanzas y sus valores expresados en imágenes cotidianas o en imágenes mitológicas, es el maestro no el martir.

Ojala puedan leer este libro (o ambos, el de Fulcanelli no es malo en absoluto) y ojalá se animen a comentar pues la idea no es que me dedique yo a “montar” peroratas ni monólogos.

Saludos.


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2 respuestas

12 11 2007
Sidra

Buensancho…
Curucutear en la web a veces puede tener la maravilla de darnos un fresquito en el alma y en el conocimiento.

Me ha encantado este post, seguiré recorriendo tu espacio. El conocimiento que trae consigo alimento para el intelecto y el espíritu lo aprecio enormemente, y aprender es algo que espero no dejar de hacer en lo que me resta de vida.

Miraré con más cuidado el arte en las catedráles, e intentaré conseguir el libro en español, es un tema bien interesante… sobre todo porque soy de las que cuando entra a una catedral antigua siente esa fuerza del mensaje espíritual contenido en el arte de sus “magos” constructores. Ojalá conservaramos la vista de Cristo no como martir sufrido por culpa del ser humano, sino como el gran maestro que iluminó vidas y dejo mensajes positivos de amor y sabiduría.

Uy! Este tema da para tanto!!!!! Me ha encantado de verdad, ya me tendrás por aqui una y otra y otra vez…

Sidra

12 11 2007
buensancho

Muchas gracias Sidra por tu visita y por tus palabras, como ves, con vergüenza reconozco que tengo este blog abandonado, pasan muchas cosas en Venezuela y mi otro blog me mantiene muy ocupado, prometo cumplir con mi propósito de usar éste para desahogar lo que el otro retiene, pronto podré retomar este descanso.

Cierto, hay templos, (no sólo catedrales en verdad), que irradian algo muy especial, creo que en algunos casos puede incluso decirse que el edificio en su conjunto es, más que un mensaje una doctrina completa moral y filosófica, además de religiosa, compuesta por infinidad de mensajes, algunos discretos, otros muy llamativos… entrar en esos espacios con los ojos bien abiertos es toda una experiencia… en especial para los que como yo desconocen el código de esos mensajes y no resistimos la tentación de potenciar al máximo nuestra capacidad de entendimiento e interpretación para, por lo menos, tener la ilusión de haberlos entendido, de haber aprendido una de esas enseñanzas más espirituales que intelectuales que impregnan ese aire antiguo pero fresco de casi todos los templos.

Un abrazo Sidra, siempre bienvenida.

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